EL “COMPLEJO DE SEPARACIÓN” EN LA OBRA DE BACON (II)

Hemos visto en la anterior entrada el significado y los efectos en la personalidad, de este complejo. Vamos a ver a continuación las formas más frecuentes de reacción del individuo ante esta situación vital.

Lo primero que hay que decir es que existen todo tipo de respuestas, como era lógico esperar, ya que no hay dos individuos iguales. Sin embargo, sí que se puede establecer cierta clasificación en dichas reacciones, según prevalezcan unos rasgos psicológicos u otros. Incluso hay personas que renuncian a encarar el problema y no porque el mismo les parezca nimio, sino simplemente porque la estructura de su personalidad les impulsa a volcar todas sus energías en los logros de la vida exterior. Se trata de aquellas personas en las que la línea extrovertida tiene un dominio casi completo en su vida. Para ellas un problema de tipo personal tiene una importancia mucho menor que para aquellos en los que la línea introvertida alcanza cierta importancia. Quizá convenga detenernos brevemente en esta cuestión, ya que introversión y extraversión son dos términos muy extendidos actualmente, pero a veces, bastante trivializados.

Así el introvertido es para muchos, una persona con escasas habilidades sociales y por tanto condenado a un perpetuo aislamiento, más o menos pronunciado. Esto sin embargo sería simplemente un individuo con problemas de relación, que puede ser introvertido o extrovertido. El introvertido, en realidad, es aquel que concede mayor importancia al objeto interior frente al objeto exterior, y en consecuencia antepone el desarrollo personal a la consecución de objetivos de tipo material, por ejemplo. Pero no se olvide que para la realización de la propia personalidad es imprescindible el contacto con los demás y la vida social. Lo que implica que entre los seres introvertidos se encuentran muchas veces los de mayor proyección social.

Los extrovertidos, al contrario, anteponen el objeto exterior a cualquier realidad interior, y por tanto estarán más predispuestos a la lucha por la consecución de los bienes materiales y el poder de tipo social. Lo que como es evidente ha de realizarse en competencia con los demás, en los que se verá siempre a un posible rival. El comportamiento social de este tipo de individuos puede ser en ocasiones, digamos que poco amistoso.

Estas rápidas pinceladas sobre introversión y extraversión han de entenderse simplemente como introducción a la complejidad de esta cuestión y como un intento de matizar ideas muy extendidas, pero demasiado simplistas. En cualquier caso, y volviendo a nuestro tema, ahora resultará más evidente que al individuo extrovertido le afectará menos el complejo de separación que al introvertido. Aún así constituirá un escollo importante en su existencia y buscará una compensación redoblando sus esfuerzos en los objetivos exteriores que se haya marcado. De esta forma hemos encontrado una de las primeras formas de reacción, es decir, la búsqueda de una compensación en lugar de encarar el problema e intentar eliminarlo definitivamente de la existencia.

La compensación a que nos referimos puede ser, sin embargo, de muchos tipos y tener variadas intensidades. A veces un afán desmedido de poder o de riqueza, esconde tras de sí, una frustración personal de una importancia equivalente. En otros casos en lugar de poder y riqueza lo que se busca es una sexualidad compulsiva al nivel puramente instintivo. Lo que no deja de ser un planteamiento que inicialmente podríamos calificar como más acertado y acorde con la naturaleza del problema que en última instancia –no se olvide– consiste en la represión extrema del eros. Claro está, siempre que esa búsqueda sexual evolucione en etapas posteriores hacia unas formas de relación más elevadas o –si se prefiere la terminología de Jung– más diferenciadas. Lo que no es siempre el caso, ya que, como se sabe, hay personas que durante toda su existencia se mantienen en un nivel primario y meramente instintivo en el tratamiento del eros, ahondando así el problema y aumentando la frustración inconsciente que éste produce. Puede llegarse incluso a caer en verdaderas aberraciones sexuales como el masoquismo o el sadismo; o ambos, que a la postre no son sino la constatación de un fracaso vital convertido en círculo vicioso sin posibilidad de solución.

También como sabemos las desviaciones a que acabamos de referirnos –sadismo y masoquismo– pueden darse en ausencia total de la sexualidad, convirtiéndose en desviaciones características del instinto de poder. Para nuestro tema sin embargo la situación es análoga: el poder desmedido que el individuo puede buscar ejerciendo un domino despótico sobre sus semejantes –el caso del masoquismo puede ser algo más tortuoso pero de efectos equivalentes– no deja de ser una compensación frustrante por inútil, ante la pérdida del arquetipo más valioso para la vida humana que es el de la propia individualidad.

Existen, no obstante, otras formas de reacción ante la situación vital que estamos examinando, es decir el complejo de separación. Dado que el mismo se deriva de la necesidad de fortalecer el propio ego y la estructura de la conciencia, no sólo se verifica una represión bastante acentuada de la dimensión relacional del individuo –es decir, su eros– sino que además, en la búsqueda de la conformidad social, se va adoptando como propia toda concepción colectiva y de amplia aceptación social. De esta manera la experiencia más personal y subjetiva se relega a un segundo plano, en favor de la experiencia y la aprobación social. El resultado es de nuevo la pérdida de la identidad más genuina del individuo que, al igual que antes, puede verse, al final del proceso, notablemente alejado de sí mismo. La frustración que ello produce resulta además doblemente dolorosa dado que la persona cree haber actuado en todo momento según la exigencia más objetiva que las circunstancias le han planteado, sacrificando, en aras de una acción apropiada, toda veleidad subjetiva. Ni que decir tiene que en estas etapas de la existencia el individuo está todavía lejos de percibir la compleja y contradictoria naturaleza de la existencia humana.

Según lo que acabamos de ver, no ha de extrañarnos que otra de las formas de reacción ante el complejo que nos ocupa, sea la de lanzarse a una subjetividad extrema, y a un rechazo sistemático de toda exigencia social, llegando el individuo, en los casos más extremos, a rozar la ilegalidad en muchas de sus acciones.

En muchos grupos anti-sistema se puede ver un fondo de esta forma de actuar; basada por tanto, más en la característica personal y psicológica, que en verdaderas ansias de renovación social.

Baste con todo lo anterior para que tengamos una idea de esa situación vital que hemos llamado el complejo de separación y de sus implicaciones en la vida humana. En próximas entregas nos vamos a centrar en las manifestaciones del mismo en diversas obras de arte, y especialmente en la de Bacon. El análisis completo de su tríptico más famoso es el tema de mi ensayo:

“Tres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *