BUÑUEL III

Estábamos, pues, analizando el contenido de las cuerdas que arrastra el protagonista de la película cuando desea tener con la muchacha una relación sexual. En esa circunstancia aparece a su espalda una larga ristra de objetos aparentemente absurdos que no se sabe porqué había de cargar trabajosamente y que, como es lógico, le suponían un fuerte impedimento para avanzar. En primer lugar ya vimos que aparecían dos calabazas y a continuación, los propios autores del film, Dalí y Buñuel, vestidos de hermanos maristas, atados también a la engorrosa soga. Es evidente que se trata de la carga de la visión religiosa, en la que habían sido ambos educados. Esta concepción piadosa que había sido tan importante en la generación de anterior –sobre todo en la clase burguesa a la pertenecían las familias de ambos artistas– se ha convertido para ellos en una carga de carácter negativo que supone un lastre para el desarrollo de la personalidad. Es significativo, sin embargo, que para simbolizar este contenido aparezcan los propios artistas. Esto significa que probablemente en su inconsciente, una instancia psíquica de la personalidad de los dos jóvenes estaba todavía identificada con ciertos valores religiosos que, sin embargo, desde la conciencia eran rechazados por ambos. Más concretamente, en el caso de Buñuel –según los indicios de los que hemos hablado reiteradas veces en estos artículos–, es casi seguro que su individualidad más genuina se encontrase todavía atrapada en la identificación inconsciente con algunos principios religiosos. Esta identificación, como ya se ha dicho también, estaría compensada desde la conciencia por la formación reactiva que le hacía adoptar las formas contrarias a lo religioso, de lo cual se derivaría la fama de blasfemo que el cineasta aragonés arrastró durante toda su vida.

Tras estos dos peculiares maristas arrastrados en la psicológica cordada, aparece otro contenido aparentemente estrambótico o disparatado. Nada menos que dos pianos de cola sobre los que se instalan sendos burros en estado de putrefacción; es decir, dos carnuzos, como se les conocía en el ambiente rural de Aragón, al que había pertenecido en la infancia el propio Luis Buñuel. El significado de estos elementos, tan sorprendentes en principio, es, sin embargo, de una claridad meridiana para cualquier conocedor del simbolismo inconsciente. Así los pianos, como instrumentos de música, simbolizan claramente a la función de sentimiento. Pero hay que advertir que hablamos aquí en un sentido estrictamente junguiano. Es decir, la función de sentimiento es en este contexto, aquella función que informa del estado general de nuestra conciencia, y que además se basa en los valores que tenemos incorporados. Por tanto los juicios de carácter moral se realizan en virtud de esta función. Con este planteamiento es evidente que los carnuzos se refieren a un conjunto de valores que, aunque presentes en el inconsciente personal, tienen un carácter completamente obsoleto y carente del más mínimo sentido; son por tanto lo que se suele decir coloquialmente, valores podridos. De esta manera, no es de extrañar que constituyan un peso insoportable y muy negativo en el conjunto de la personalidad. Pero sin embargo la conciencia no se ha librado todavía de ellos y actúan negativamente desde lo inconsciente. Su disolución auténtica sólo puede ser posible tras una confrontación consciente con otros nuevos valores, que en el momento de la realización del film, parece no haberse producido todavía en la personalidad de los autores.

La situación psicológica retratada en esta famosa y peculiar escena es propia de aquella generación de artistas; que se vio enfrentada a condiciones de vida muy diferentes a las de sus progenitores y que por tanto se vio abocada al rechazo de los valores de ellos, en los que, no obstante, habían sido educados. La complejidad psicológica que una situación como esa provoca en la personalidad, está llena de contradicciones, que sin embargo, pueden constituir el caldo de cultivo ideal para la creación artística.

Por ejemplo, otro de los símbolos que está presente no sólo en esta película sino también en la obra plástica de Dalí, es el de las hormigas. Concretamente en Un perro andaluz, aparecen escapando de la palma de la mano del protagonista tras haber surgido a través de un agujero en el centro de la misma. Este contenido se refiere sin duda a la energía de carácter irracional simbolizada por el torrente de hormigas. El agujero-herida de la palma de la mano, no cabe duda de que tiene evidente connotaciones religiosas al asimilarse a las heridas de Cristo derivadas de la crucifixión. Así pues el rechazo de la religión, por parte de la conciencia, produce una situación en que una energía irracional y por tanto presente en lo inconsciente, tiene una vía de escape hacia la conciencia, sin que ningún símbolo exista ya que pueda encauzarla de forma positiva.

En mi último ensayoTres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente, realizo el análisis de una de las películas de Buñuel: “El ángel exterminador” (1962)

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