PICASSO. EL MINOTAURO CIEGO (II)

Los personajes que intervienen en esta composición, al igual que en las tres versiones anteriores, son: el propio Picasso, con aspecto juvenil, que desde el margen izquierdo observa pensativo la escena; dos pescadores sobre una barca que, faenan al fondo, en mitad de la noche; el minotauro ciego que en el centro de la estampa camina trabajosamente, apoyándose en el cayado que agarra enérgicamente con su mano izquierda, mientras descansa la derecha en el hombro de la pequeña niña que le sirve de lazarillo y que porta a su vez una paloma.

Si entendemos que la escena representada se refiere al contenido más personal del propio artista, resultará evidente que los personajes tienen todos carácter simbólico referente a contenidos de la personalidad inconsciente del propio artista. Empecemos por el personaje central que da nombre a toda la serie, es decir, por el minotauro ciego.

En primer lugar es necesario advertir que esta figura es una variante de una imagen arquetípica bastante frecuente, dado que se refiere a un aspecto del desarrollo de la conciencia, sobre todo en ambientes y sociedades de una fuerte implantación patriarcal. La imagen arquetípica a la que me refiero es la del músico ciego.

En el arte plástico occidental la encontramos en multitud de ocasiones, a veces como simple escena costumbrista, y otras veces con alusiones subliminales de fuerte carácter personal, referentes a su creador1. Éste es el caso del propio Pablo, que ya en su etapa azul trató este tema en varios cuadros muy conocidos. Me refiero2 concretamente al Guitarrista ciego y al Viejo judío, que ya analicé en un ensayo anterior3, pero que conviene aquí recordar porque la serie del minotauro ciego es prácticamente una continuación de la reflexión íntima que, en fecha tan lejana, iniciara el joven artista. En aquel entonces los cuadros ya citados constituían un acercamiento a la problemática que le planteaba la imagen interna del padre en unos momentos de su existencia en que el joven Pablo comenzaba a tomar consciencia de que sus planteamientos vitales y profesionales le enfrentaban de forma irremediable a su progenitor. La repercusión de este conflicto en su interioridad era el tema de aquellas obras que reflejaban aspectos del arquetipo paterno estructurado según los planteamientos rígidos y patriarcales de la época y la sociedad en que había sido educado. Aquel problema como sabemos había quedado latente en el inconsciente del joven artista, y solamente treinta años después, la relación con Marie Therese había despertado indirectamente esta problemática en el inconsciente de Picasso. Ahora el padre aparece de nuevo en la obra de su dotado hijo, transformado en minotauro que, aunque ciego, lleva en sí la impronta de su firme voluntad de poder. Nos informa por tanto, esta serie, acerca de un aspecto de la personalidad del padre que fue decisivo en la formación del pintor, y que puede ser también la clave de esa identificación de Picasso con la sombra, como impulso de poder, que es el minotauro en las estampas de la Suite Vollard. Pero continuemos con el análisis del arquetipo del músico ciego.

La ceguera, desde el punto de vista simbólico, hace referencia a varios contenidos. Por un lado es indicio de pérdida del sentido de la existencia, es decir de la incapacidad para ver el sentido último de cuanto nos acaece y nos rodea, lo que obliga al individuo a moverse al margen del mismo, guiado por otras directrices. Aparece por tanto en situaciones en las que la persona4 se rige, sobre todo, por principios sociales y colectivos que le han apartado de la propia naturaleza profunda. También la ceguera puede expresar una situación de introversión forzada de la libido, es decir de atrapamiento en lo materno-inconsciente. Ambas situaciones suelen presentarse unidas en numerosas ocasiones.

La música, desde el mismo punto de vista, hace referencia a la función del sentir5. Bien entendido que nos referimos al sentir en su acepción más amplia, como función directora de la conciencia, y que por tanto excede con mucho a la simple afectividad. Es decisiva a este respecto, la dimensión introvertida de dicha función, es decir el sentir introvertido, que se puede definir como aquel aspecto del sentir que establece una valoración del estado general de la conciencia. Así en los primeros años de vida el problema fundamental del individuo, desde el punto de vista psicológico, es el fortalecimiento del yo y la conciencia, lo que principalmente se consigue a través de la interiorización de los valores colectivos y de la búsqueda de la integración social. En estos años el individuo se guía por esta función del sentimiento introvertido, es decir, su acción estará presidida sobre todo por esa búsqueda de un sentimiento de seguridad interior que le permita afianzar su ego. Para ello no dudará en contradecir cuantas veces sea necesario cualquier exigencia que proceda de la antagónica función del pensar.

El músico ciego por tanto es una figura que recoge una situación psicológica muy frecuente en determinados momentos de la vida de nuestra sociedad de hoy, todavía completamente marcada por valores y principios de carácter patriarcal.

El minotauro ciego de la serie picassiana, aunque no lleva ningún instrumento musical, está también relacionado con la función de sentimiento, como ahora veremos, y por tanto es una imagen que proviene del mismo arquetipo que acabamos de estudiar.

Los cuatro grabados de la serie reflejan simbólicamente una situación interior de gran importancia en el psiquismo de todo hombre adulto, por cuanto se refieren a valores y contenidos que están presentes en los momentos más decisivos de la existencia. El sacrificio de la subjetividad y la propia individualidad, que exige la socialización, en la primera mitad de la vida, es puesto en cuestión en la madurez, y con ello también los valores que habían permitido dicho sacrificio. Como acabamos de ver la maduración de la función del sentir es básica en este proceso y en las estampas de Picasso dicha función está incorporada por la figura de la niña que guía al minotauro. Aunque aquí se trata de una función de sentimiento más amplia que el mero sentir introvertido, ya que lleva en su mano una paloma, ave que representó para el padre del pintor la sublimación de intensos sentimientos de ternura y sensualidad.

Es bastante significativo que este aspecto de la función de sentimiento, es decir la afectividad, que generalmente va unida a la madre y lo femenino, esté relacionado en el interior de Picasso, más con la figura del padre que con la madre, lo que al mismo tiempo constituye un indicio que apunta hacia cierta identificación femenina inconsciente del padre del artista. La madre de Pablo, doña María Picasso López, era al parecer una mujer autoritaria y mucho menos tierna que su marido, de manera que, paradójicamente, para su hijo la afectividad estaba más relacionada con don José que con ella. Pero además en la pequeña niña-lazarillo, se funde todavía otro recuerdo más del artista. Así es inevitable pensar que esta niña del grabado incorpora también la memoria de Conchita, la hermana pequeña del pintor, muerta a los siete años cuando el artista apenas contaba con trece y que durante toda su existencia Pablo recordó con intensísima ternura. Y no sólo eso, sino que en los dos últimos grabados de la serie, la pequeña niña adquiere un perfil claramente relacionado con el contorno griego de Marie Therese Walter. La joven amante del pintor, en esas fechas, irrumpirá así también en esta escena, mostrando que la relación con ella ha removido en el malagueño la problemática inconsciente más delicada de su personalidad6.

Enfrentado casi al minotauro, un joven de camisa rayada observa pensativo al monstruo. Es, sin duda de ningún género, representación simbólica del ego del artista, que a través de su arte se encuentra de repente enfrentado a su intimidad más conflictiva y delicada.

Al fondo tenemos a los dos pescadores faenando, que a lo largo de los cuatro grabados de esta serie, permanecen invariables en lo que se refiere a su significación simbólica. Son, en efecto, representación de la función trascendente, es decir la capacidad del inconsciente de producir símbolos que trasladan a la consciencia los contenidos de la propia profundidad, y que el malagueño es capaz, a su vez, de rescatar gracias a su actividad artística. Así la labor de la pesca es desde el punto de vista simbólico equivalente a la extracción de los contenidos inconsciente –los peces7– desde la profundidad del mar a la luz del día, es decir, a la conciencia.

Finalmente hay que anotar cómo ese amplio y nocturno cielo plagado de estrellas, pero de un negro intensísimo, que envuelve toda la escena, define la noche oscura del alma en que el minotauro ciego está obligado a vivir sus tristes días. Así en efecto, perdido el sentido más valioso para la vida del hombre, su mito personal, es decir, la plenitud de su individualidad, el minotauro se agarra a lo absoluto que definen con su presencia los arquetipos –las estrellas nocturnas–, lo que a su vez acerca la vida del monstruo a la de los propios dioses, en un mundo de valores eternos, ajenos a la voluntad y los deseos humanos.

El fuego que arde a los pies del joven que observa el aciago caminar del minotauro, alude a una porción de libido oral, todavía sin diferenciar del propio Picasso. Es ese conflictivo recuerdo del padre que implica para el artista malagueño un problema emocional sin resolver. Pero es también, al mismo tiempo, la presencia en el interior del alma humana de ese fuego divino que es la energía que conecta con la dimensión trascendente en el interior más profundo de nuestra psique.

1   Por ejemplo, en uno de los cartones de Goya para la Real Fábrica de Tapices, titulado El ciego de la guitarra, cuyo análisis simbólico puede verse en mi obra: Goya y las Pinturas Negras desde la Psicología de Jung, pp. 75-87.

2   Este es el caso, por ejemplo, de uno de los cartones de Goya, El ciego de la guitarra, cuyo análisis simbólico se puede ver en mi obra: PRADA PAREJA, Javier, Goya y las Pinturas Negras desde la psicología de Jung, pp. 75-87101

3   El joven Picasso. Análisis junguiano de un proceso creativo. Madrid 2011.

4   El joven Picasso. Análisis junguiano de un proceso creativo.102

5   Ver JUNG, C. G., Tipos psicológicos.

6   La niña del grabado por tanto alude subliminalmente, al mismo tiempo a: eros sublimado, afectividad y ternura, imagen paterna, conchita y Marie Therese Walter.

7   Sobre el simbolismo del pez, ver: JUNG, Carl Gustav, Aion. Contribución a los símbolos del Sí-mismo.

 

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