BUÑUEL III

Estábamos, pues, analizando el contenido de las cuerdas que arrastra el protagonista de la película cuando desea tener con la muchacha una relación sexual. En esa circunstancia aparece a su espalda una larga ristra de objetos aparentemente absurdos que no se sabe porqué había de cargar trabajosamente y que, como es lógico, le suponían un fuerte impedimento para avanzar. En primer lugar ya vimos que aparecían dos calabazas y a continuación, los propios autores del film, Dalí y Buñuel, vestidos de hermanos maristas, atados también a la engorrosa soga. Es evidente que se trata de la carga de la visión religiosa, en la que habían sido ambos educados. Esta concepción piadosa que había sido tan importante en la generación de anterior –sobre todo en la clase burguesa a la pertenecían las familias de ambos artistas– se ha convertido para ellos en una carga de carácter negativo que supone un lastre para el desarrollo de la personalidad. Es significativo, sin embargo, que para simbolizar este contenido aparezcan los propios artistas. Esto significa que probablemente en su inconsciente, una instancia psíquica de la personalidad de los dos jóvenes estaba todavía identificada con ciertos valores religiosos que, sin embargo, desde la conciencia eran rechazados por ambos. Más concretamente, en el caso de Buñuel –según los indicios de los que hemos hablado reiteradas veces en estos artículos–, es casi seguro que su individualidad más genuina se encontrase todavía atrapada en la identificación inconsciente con algunos principios religiosos. Esta identificación, como ya se ha dicho también, estaría compensada desde la conciencia por la formación reactiva que le hacía adoptar las formas contrarias a lo religioso, de lo cual se derivaría la fama de blasfemo que el cineasta aragonés arrastró durante toda su vida.

Tras estos dos peculiares maristas arrastrados en la psicológica cordada, aparece otro contenido aparentemente estrambótico o disparatado. Nada menos que dos pianos de cola sobre los que se instalan sendos burros en estado de putrefacción; es decir, dos carnuzos, como se les conocía en el ambiente rural de Aragón, al que había pertenecido en la infancia el propio Luis Buñuel. El significado de estos elementos, tan sorprendentes en principio, es, sin embargo, de una claridad meridiana para cualquier conocedor del simbolismo inconsciente. Así los pianos, como instrumentos de música, simbolizan claramente a la función de sentimiento. Pero hay que advertir que hablamos aquí en un sentido estrictamente junguiano. Es decir, la función de sentimiento es en este contexto, aquella función que informa del estado general de nuestra conciencia, y que además se basa en los valores que tenemos incorporados. Por tanto los juicios de carácter moral se realizan en virtud de esta función. Con este planteamiento es evidente que los carnuzos se refieren a un conjunto de valores que, aunque presentes en el inconsciente personal, tienen un carácter completamente obsoleto y carente del más mínimo sentido; son por tanto lo que se suele decir coloquialmente, valores podridos. De esta manera, no es de extrañar que constituyan un peso insoportable y muy negativo en el conjunto de la personalidad. Pero sin embargo la conciencia no se ha librado todavía de ellos y actúan negativamente desde lo inconsciente. Su disolución auténtica sólo puede ser posible tras una confrontación consciente con otros nuevos valores, que en el momento de la realización del film, parece no haberse producido todavía en la personalidad de los autores.

La situación psicológica retratada en esta famosa y peculiar escena es propia de aquella generación de artistas; que se vio enfrentada a condiciones de vida muy diferentes a las de sus progenitores y que por tanto se vio abocada al rechazo de los valores de ellos, en los que, no obstante, habían sido educados. La complejidad psicológica que una situación como esa provoca en la personalidad, está llena de contradicciones, que sin embargo, pueden constituir el caldo de cultivo ideal para la creación artística.

Por ejemplo, otro de los símbolos que está presente no sólo en esta película sino también en la obra plástica de Dalí, es el de las hormigas. Concretamente en Un perro andaluz, aparecen escapando de la palma de la mano del protagonista tras haber surgido a través de un agujero en el centro de la misma. Este contenido se refiere sin duda a la energía de carácter irracional simbolizada por el torrente de hormigas. El agujero-herida de la palma de la mano, no cabe duda de que tiene evidente connotaciones religiosas al asimilarse a las heridas de Cristo derivadas de la crucifixión. Así pues el rechazo de la religión, por parte de la conciencia, produce una situación en que una energía irracional y por tanto presente en lo inconsciente, tiene una vía de escape hacia la conciencia, sin que ningún símbolo exista ya que pueda encauzarla de forma positiva.

En mi último ensayoTres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente, realizo el análisis de una de las películas de Buñuel: “El ángel exterminador” (1962)

BUÑUEL (II)

La personalidad de Buñuel es tan interesante como su obra. Ya hemos visto algunas particularidades de la misma en el artículo anterior. Quizás lo más llamativo sea el hecho de que un artista con fama de irreligioso e incluso de blasfemo, sea sin embargo una de las personalidades españolas del siglo XX con una inclinación hacia lo espiritual más decidida y clara, aunque enmarcada en unos planteamientos completamente heterodoxos. En efecto, hemos de acostumbrarnos, en la actualidad, a desligar cualquier inclinación propiamente espiritual de actitudes derivadas de las religiones tradicionales. Es bastante común entre las personas de nuestro tiempo el interés por todo tipo de prácticas pertenecientes a sistemas espirituales de todo tipo, siempre que sean ajenos a la religión tradicional, especialmente el Cristianismo. Así tenemos la práctica de la Meditación Trascendental, que procede de sistemas orientales –Budismo, Hinduísmo, etc.–, que está muy extendida entre personas de todos los niveles sociales. Incluso se ha llegado a crear una versión occidentalizada de esta práctica en el llamado Mindfulness, en el cual se ignoran todas las connotaciones de tipo espiritual y religioso, para convertirla en una mera técnica de relajación. Esto último proporciona los beneficios espirituales de la Meditación budista, pero de forma que sea aceptable para la mente occidental más racionalista. Al mismo tiempo sin embargo, aumenta el interés por todo tipo de conocimientos y fenómenos esotéricos.

De esta manera tenemos en Occidente, junto a una pérdida total de credibilidad de la religión Cristiana, predominante durante dos milenios en esta parte del mundo, un interés cada vez mayor por todo tipo de creencias espirituales ajenas a los planteamientos ortodoxos. Esto es debido a que el nivel de conciencia alcanzado gracias al desarrollo del pensamiento científico y a la mejora de las condiciones materiales de vida, hace inaceptable para gran parte de la población, sistemas religiosos que siguen basándose en visiones de la realidad pertenecientes a épocas anteriores, ya superadas.

En esta situación es interesante destacar el aumento que se ha dado en los últimos años en el interés hacia la obra de un científico, que pertenece a un campo intermedio entre la realidad material exterior y la realidad interior y espiritual, como es la Psicología. Me refiero concretamente a Carl Gustav Jung, cuyo estudio de los estratos más profundos de la psique, desde unos planteamientos estrictamente científicos, pero revelando su conexión con las prácticas de tipo espiritual, suscita cada vez mayor interés entre el gran público.

En esta situación podemos decir que Buñuel es un representante típico de las contradicciones de su tiempo. Por un lado, su actitud consciente es de un rechazo absoluto de los planteamientos religiosos tradicionales del Cristianismo en que ha sido educado. Por otra parte su inclinación natural hacia lo espiritual es muy evidente para cualquier investigador avezado en estos temas. Son numerosísimos los detalles de la biografía del gran cineasta aragonés que nos dan cuenta de esta inclinación suya hacia lo espiritual. Por un lado están sus chocantes gustos o incluso sus bromas. Por ejemplo, le gustaba mucho disfrazarse de cura, como atestiguan numerosas fotografías de su juventud y los testimonios de sus amigos. También le gustaban hasta el punto de llamar la atención de sus amigos, los conventos de la localidad de Toledo, ciudad por la que tenía especial predilección. Incluso, como hemos visto en el artículo anterior, era normal que se deleitase escuchando los cánticos de las religiosas de algún convento; por no hablar del episodio relatado por Dalí a Max Aub. Junto a lo anterior, como ya hemos señalado, tenía una actitud consciente radicalmente antirreligiosa y blasfema. Esta actitud hacía que su sentimiento espiritual y religioso cayera por completo en su inconsciente personal o sombra –como denomina Jung a esta parte de la psique– y en consecuencia se manifestara de forma frecuente en sus creaciones artísticas, dotándolas de un trasfondo cultural muy rico.

Vamos a fijarnos en una de las escenas más llamativas de su película inicial, Un perro andaluz, realizada en colaboración con Dalí. Concretamente me refiero al momento en que el protagonista persigue por la habitación a la muchacha con ánimo de tener con ella un trato de tipo sexual. En ese instante Pier Bacheff –el actor que encarna a este personaje– se ve de repente en la tesitura de tener que arrastrar un conjunto de inexplicables objetos e incluso personas, atados todos a un par de cuerdas que cuelgan de sus espaldas, y constituyen –cómo no– una carga pesadísima que casi le impide avanzar. Se trata evidentemente de una expresiva imagen para una realidad psicológica –la sombra– que en aquellos años estaba siendo objeto de estudio casi vanguardista, por psicólogos como Freud y Jung. Dalí y Buñuel, por su adscripción al Surrealismo estaban muy interesados en incorporar a su obra todo el conjunto de contenidos inconscientes que aflorase en el momento de gestarla. De forma intuitiva y por tanto muy veraz –libre de intrusiones culturales provenientes de la conciencia– integraban en su producción las aportaciones del inconsciente.

Veamos pues cuál era en el momento de la realización de la película el contenido de la sombra o inconsciente personal de Buñuel y Dalí.

En primer lugar, tras los corchos que protegen la espalda de Pierre Batchef, atadas a las cuerdas que arrastra, aparecen dos calabazas. Primer objeto aparentemente disparatado, que para alguien ajeno al simbolismo inconsciente puede parecer simplemente una extravagancia de los autores o una provocación. Sin embargo, si aceptamos que las ocurrencias del inconsciente tienen una coherencia íntima enraizada en la propia personalidad, debemos creer que también en este caso las dos mencionadas frutas, están refiriéndose a una realidad diferente y significativa desde el punto de vista psicológico. ¿Qué pueden significar un par de calabazas para dos jóvenes que acaban de abandonar la madrileña Residencia de Estudiantes de los años veinte, en la cual se han conocido y en la que han pasado los años más decisivos de su existencia? Es evidente que las calabazas son para los estudiantes sinónimos de suspenso, es decir, de fracaso en una prueba de iniciación al mundo adulto. Sin embargo tanto Dalí como Buñuel se sentían muy por encima del mundo académico de su tiempo, y ambos habían despreciado las vías tradicionales de formación, o mejor las habían adaptado a sus propias exigencias que consideraban mucho más decisivas que los cauces establecidos. Así, Dalí se había hecho sancionar y hasta expulsar de la escuela de Bellas Artes, manifestando su sentimiento de superioridad ante un tribunal que lo juzgaba. Por su parte Buñuel había despreciado una carrera técnica, iniciada por deseo de su padre, pero completamente ajena al mundo artístico y literario, que él descubrió en sus años de juventud. En estas circunstancias es evidente que las calabazas de su película no se refiere a ningún sentimiento de fracaso académico por parte de sus autores, que en ese campo se consideraban en posición de superioridad.

No. las calabazas han de referirse a un suspenso de tipo vital, e incluso si se quiere, arquetípico, común a toda su generación y probablemente a las generaciones anteriores también, puesto que ese fracaso estaba enraizado en el patriarcado imperante en la sociedad occidental desde mucho tiempo atrás. En esa sociedad el padre era una figura lejana, identificada con el arquetipo, inalcanzable para los hijos a los que se condenaba al papel de perpetuos adolescentes, y cuya autoridad era incuestionable desde cualquier punto de vista. Es difícil desde la perspectiva actual imaginar que una figura de este tipo haya sido la norma general en el papel desempeñado por el varón, dentro del esquema familiar de nuestra civilización. Sin embargo cuanto más nos alejamos en el tiempo, si estudiamos con detenimiento las formas de relación imperantes en cada época, habremos de concluir que, en efecto, poco tiene que ver nuestra actual concepción de la naturaleza y el trato humanos, con lo que era la norma en épocas no tan lejanas de nuestra cultura occidental.

Por otra parte, dada la actitud de ruptura con los valores de la generación de sus padres, de los dos artistas –así como de su amigo Federico García Lorca– todos ellos pertenecientes a un estrato social idéntico, ¿no parece lo más probable que el suspenso vital que ellos rechazaban –aunque lo hubieran sufrido– y que ahora aparecía subliminalmente en su producción cinematográfica, fuera el que se derivaba del papel arquetípico desempeñado por el padre, en la familia tradicional de su época? Personalmente estoy convencido de que así era.

El siguiente contenido que aparece en la cuerda es mucho más aparatoso, se trata de dos personajes –interpretados por los mismos Dalí y Buñuel– vestidos de hermanos maristas. Este contenido, como veremos, en el próximo artículo en que continuaremos con el análisis de esta escena, está muy relacionado con todo lo que hemos dicho más arriba acerca de la actitud de aquella generación con respecto a los valores religiosos.

En mi último ensayoTres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente, realizo el análisis de una de las películas de Buñuel: “El ángel exterminador” (1962

El complejo de separación en otros campos del arte. Luis Buñuel (I)

Continuando con el tema de las entradas anteriores, debemos decir que el complejo de separación está presente no sólo en la obra de Bacon, sino en la de muchos otros artistas, especialmente a partir del siglo XX en que el arte se convierte en una actividad mucho más centrada en la evolución interna del artista. Tomemos por ejemplo a un cineasta como Buñuel (Calanda 1900- Ciudad de México 1983), cuyas circunstancias se puede decir que están en las antípodas de las de Bacon. Así Luis Buñuel nunca conoció la marginación social de la manera tan radical como le ocurrió al pintor inglés del que hemos hablado. El aragonés pertenecía en efecto a una familia adinerada de la alta burguesía de Zaragoza. Su padre fue un característico indiano, es decir, una persona que había emigrado muy joven a América –en este caso concretamente a Cuba– y tras muchos años de duro trabajo había reunido una apreciable fortuna que le permitió regresar a España y vivir el resto de su vida de las rentas del capital acumulado. La familia de Luis Buñuel era en efecto, cuando nace el gran cineasta, una de las más adineradas de Zaragoza y de todo Aragón. Por tanto, el director calandino tuvo una infancia y adolescencia privilegiadas, desde el punto de vista material, y cuando terminó sus estudios secundarios pudo trasladarse a Madrid para realizar su formación universitaria en la capital, hospedándose en la Residencia de Estudiantes que acogía a los vástagos de la alta burguesía de todas las provincias españolas. Allí conoció a Dalí y a Lorca, ambos pertenecientes a un idéntico estrato social, y con los que compartía las mismas inquietudes personales y sociales. Puede resultar algo chocante el hecho de que tres de los principales integrantes de la generación del ’27, tuvieran sin excepción un idéntico sentimiento de rechazo hacia los valores que habían permitido a la generación anterior labrarse una privilegiada situación económica y material. Sin embargo fueron las características y las circunstancias de su educación lo que les llevó a dicho rechazo. Así dice Buñuel en Mi último suspiro:

En Calanda tuve yo mi primer contacto con la muerte que, junto con una fe profunda y el despertar del instinto sexual, constituyen las fuerzas vivas de mi adolescencia.” [BUÑUEL, Luis, Mi último suspiro, p. 17]

Y más adelante:

Así mismo y por razones que no se me alcanzan, he encontrado siempre en el acto sexual una cierta similitud con la muerte, una relación secreta pero constante. […] ¿Será porque durante mi infancia y juventud fui víctima de la opresión sexual más feroz que haya conocido la historia?”[Ibid., p. 21]

Esta opresión sexual y la presencia un poco agobiante de la religión en todos los planos de la existencia es lo que al parecer rechazaban los tres artistas citados. Hasta tal punto les resultaban caducos los valores de sus mayores que, de forma jocosa pero muy significativa, durante los años de formación universitaria, se referían a todos aquellos que asumían como propios esos valores, como los “putrefactos”. Y en efecto consideraban que los mencionados principios habían perdido vigencia de tal forma, que se los podía calificar, simple y llanamente, de valores podridos.

La nueva generación de principios del siglo XX, reclamaba, por tanto, una mayor realización de la dimensión personal del eros, lo que lleva aparejado inevitablemente una desacralización de la vida entera.

En Buñuel sin embargo la importancia y el peso de la dimensión religioso-espiritual está presente en su obra y en su vida de forma constante. Aunque, eso sí, se aprecia en numerosas ocasiones que esta presencia se actualiza desde sectores de la dimensión inconsciente de su personalidad. En otras palabras el cineasta, en su etapa universitaria, en contacto con otros jóvenes y otras ideas que las de su ambiente familiar, se percató que su actitud interior dominada por la espiritualidad cristiana en la que había sido educado, implicaba una separación de la vida que al mismo tiempo resultaba en un inaceptable empobrecimiento de la propia personalidad. Todo un mundo nuevo de autorrealización y plenitud personal debió de abrirse ante él en aquellos años de formación en la Residencia de Estudiantes, en contacto con poetas, escritores y filósofos como Ramón Gómez de la Serna, o Unamuno. Su vida dio un giro de ciento ochenta grados respecto a lo que su familia había inicialmente preparado para él. Luis abandonó los estudios de Ingeniería que había iniciado sobre todo para complacer al padre, y tras algunos titubeos terminó licenciándose en Filosofía.

No obstante ningún cambio tan radical en los propios planteamientos personales puede realizarse sin algún coste personal, y Buñuel no fue ninguna excepción. Así se percibe en muchos episodios de su vida la lucha interna que dicho cambio implicaba. Dicho de otra manera algunos de los valores asimilados en la infancia, estaban tan integrados en sectores inconscientes de la personalidad que cuando desde la conciencia Luis percibe la necesidad del cambio, se producen conflictos internos imposibles de eludir. Un ejemplo significativo es el episodio relatado por Dalí a Max Aub en 1969:

Tenía una especie de locura por los conventos de Toledo, le gustaban mucho, mucho, y pasaba todas las noches [se refiere a los días en que el grupo de la Residencia de Estudiantes iba de excursión a Toledo] yendo a oír a las monjas que cantaban allí. Había una pequeña Virgen que le gustaba mucho, y de pronto, delante de la Virgen, se enterneció y empezó a hacer una especie de oración, y después, sin ninguna clase de intermedio, escupió a la Virgen y empezó a insultarla.[Citado por: GIBSON, Ian, “Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal 1900-1938”, p. 164]

Este episodio es significativo por cuanto nos da una idea muy clara de la actitud interior de Buñuel ante lo religioso –que tan importante había sido para él durante su infancia, según confesión propia que hemos visto más arriba. En otras palabras, el cineasta había adoptado la actitud consciente contraria a la de la visión religiosa de la existencia, que sin embargo continuaba viva en su personalidad inconsciente. Este mecanismo para contrarrestar una actitud que ha dejado de satisfacernos, pero que está incorporada a la estructura de la personalidad, es bastante frecuente y los psicólogos la denominan “formación reactiva”. Consiste exactamente en lo que hemos hablado de Buñuel. Es decir adoptar desde la consciencia la actitud contraria a la que queremos abandonar. Ésta última, sin embargo, no desaparece, sino que simplemente cae en el inconsciente—es decir, se incorpora a la sombra– y desde allí sigue actuando sin el control del yo. No obstante al cabo de los años es factible que la estructura inconsciente termine desmantelada al resolver el individuo todas las contradicciones que la nueva actitud de la consciencia provoca con las antiguas concepciones. Pero también es cierto que hay casos en que esas contradicciones, y por tanto la vigencia en el inconsciente de la antigua estructura, perviven durante toda la existencia.

Este descontento que podemos calificar de existencial no era exclusivo de la sociedad española sino que era compartido por las nuevas generaciones de los principales países europeos. Y así en Francia, en la actitud de los surrealistas, con sus llamados actos y provocaciones surrealistas, debemos ver también su voluntad de demoler algunos –o muchos– de los valores de las generaciones anteriores.

En mi último ensayoTres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente, realizo el análisis de una de las películas de Buñuel: “El ángel exterminador” (1962)

EL “COMPLEJO DE SEPARACIÓN” EN LA OBRA DE BACON (III)

Hemos visto anteriormente cómo la pérdida del arquetipo del Sí-mismo produce una situación de insatisfacción extrema que muchos psicólogos denominan Complejo de separación. Si este complejo, inherente al desarrollo de todo ser humano, coincide además con una situación de marginación social importante, los efectos que hemos analizado en las entregas anteriores se ven acrecentados de manera exponencial, aumentando considerablemente el estado de insatisfacción, que puede llegar a provocar verdaderos sentimientos de desesperación. Ésta era la situación de Bacon en los años iniciales de su carrera como artista; e incluso años después de alcanzado el éxito profesional su situación personal seguía teniendo características similares, –aunque parcialmente compensadas, como es lógico, por un mayor grado de aceptación social conseguido a través de su arte.

En las primeras obras del pintor se dan con frecuencia composiciones en las que un personaje o simplemente una cabeza humana, adopta expresiones de un dolor extremo, emitiendo al mismo tiempo un alarido que se intuye desgarrador. Conociendo la situación personal del artista y sus características psicológicas, es fácil colegir que todas estas obras son expresión de un intensísimo dolor moral que el artista conocía en primera persona. En el caso del pintor inglés la compleja y contradictoria relación con la figura paterna fue un determinante decisivo en el entramado psicológico que definía la situación íntima de Bacon en aquellos años. El padre de Francis lo expulsó del domicilio familiar cuando el artista contaba apenas dieciocho años, al descubrir el progenitor, la homosexualidad de su hijo. Es fácil imaginar el grado de marginación que debió sentir el artista al experimentar que su inclinación sexual y por tanto la fuerte presión del instinto que el sexo lleva aparejado durante toda la vida humana, pero en especial en la etapa de la adolescencia, le empujaba fatalmente hacia un rechazo radical de la figura más importante de su vida –su padre. Lo que además le colocaba en una situación social de marginación extrema, que podía incluso desembocar en su encarcelamiento; ya que en aquella época, en la Inglaterra de principios del siglo XX, la homosexualidad estaba considerada como un delito que llevaba aparejado penas de prisión.

Hay que insistir en el hecho de que el sentimiento de vulnerabilidad que debió apoderarse del artista según lo que acabamos de decir, había de ahondarse enormemente por la contradictoria relación que siempre había mantenido Francis con su padre. esta última situación la desarrollará Bacon de manera quizás semi-inconsciente en otra de sus series más famosas: aquella en que realiza numerosas versiones del retrato de Inocencio X por Velázquez, como analizo detenidamente en mi ensayo:

“Tres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente”

EL “COMPLEJO DE SEPARACIÓN” EN LA OBRA DE BACON (II)

Hemos visto en la anterior entrada el significado y los efectos en la personalidad, de este complejo. Vamos a ver a continuación las formas más frecuentes de reacción del individuo ante esta situación vital.

Lo primero que hay que decir es que existen todo tipo de respuestas, como era lógico esperar, ya que no hay dos individuos iguales. Sin embargo, sí que se puede establecer cierta clasificación en dichas reacciones, según prevalezcan unos rasgos psicológicos u otros. Incluso hay personas que renuncian a encarar el problema y no porque el mismo les parezca nimio, sino simplemente porque la estructura de su personalidad les impulsa a volcar todas sus energías en los logros de la vida exterior. Se trata de aquellas personas en las que la línea extrovertida tiene un dominio casi completo en su vida. Para ellas un problema de tipo personal tiene una importancia mucho menor que para aquellos en los que la línea introvertida alcanza cierta importancia. Quizá convenga detenernos brevemente en esta cuestión, ya que introversión y extraversión son dos términos muy extendidos actualmente, pero a veces, bastante trivializados.

Así el introvertido es para muchos, una persona con escasas habilidades sociales y por tanto condenado a un perpetuo aislamiento, más o menos pronunciado. Esto sin embargo sería simplemente un individuo con problemas de relación, que puede ser introvertido o extrovertido. El introvertido, en realidad, es aquel que concede mayor importancia al objeto interior frente al objeto exterior, y en consecuencia antepone el desarrollo personal a la consecución de objetivos de tipo material, por ejemplo. Pero no se olvide que para la realización de la propia personalidad es imprescindible el contacto con los demás y la vida social. Lo que implica que entre los seres introvertidos se encuentran muchas veces los de mayor proyección social.

Los extrovertidos, al contrario, anteponen el objeto exterior a cualquier realidad interior, y por tanto estarán más predispuestos a la lucha por la consecución de los bienes materiales y el poder de tipo social. Lo que como es evidente ha de realizarse en competencia con los demás, en los que se verá siempre a un posible rival. El comportamiento social de este tipo de individuos puede ser en ocasiones, digamos que poco amistoso.

Estas rápidas pinceladas sobre introversión y extraversión han de entenderse simplemente como introducción a la complejidad de esta cuestión y como un intento de matizar ideas muy extendidas, pero demasiado simplistas. En cualquier caso, y volviendo a nuestro tema, ahora resultará más evidente que al individuo extrovertido le afectará menos el complejo de separación que al introvertido. Aún así constituirá un escollo importante en su existencia y buscará una compensación redoblando sus esfuerzos en los objetivos exteriores que se haya marcado. De esta forma hemos encontrado una de las primeras formas de reacción, es decir, la búsqueda de una compensación en lugar de encarar el problema e intentar eliminarlo definitivamente de la existencia.

La compensación a que nos referimos puede ser, sin embargo, de muchos tipos y tener variadas intensidades. A veces un afán desmedido de poder o de riqueza, esconde tras de sí, una frustración personal de una importancia equivalente. En otros casos en lugar de poder y riqueza lo que se busca es una sexualidad compulsiva al nivel puramente instintivo. Lo que no deja de ser un planteamiento que inicialmente podríamos calificar como más acertado y acorde con la naturaleza del problema que en última instancia –no se olvide– consiste en la represión extrema del eros. Claro está, siempre que esa búsqueda sexual evolucione en etapas posteriores hacia unas formas de relación más elevadas o –si se prefiere la terminología de Jung– más diferenciadas. Lo que no es siempre el caso, ya que, como se sabe, hay personas que durante toda su existencia se mantienen en un nivel primario y meramente instintivo en el tratamiento del eros, ahondando así el problema y aumentando la frustración inconsciente que éste produce. Puede llegarse incluso a caer en verdaderas aberraciones sexuales como el masoquismo o el sadismo; o ambos, que a la postre no son sino la constatación de un fracaso vital convertido en círculo vicioso sin posibilidad de solución.

También como sabemos las desviaciones a que acabamos de referirnos –sadismo y masoquismo– pueden darse en ausencia total de la sexualidad, convirtiéndose en desviaciones características del instinto de poder. Para nuestro tema sin embargo la situación es análoga: el poder desmedido que el individuo puede buscar ejerciendo un domino despótico sobre sus semejantes –el caso del masoquismo puede ser algo más tortuoso pero de efectos equivalentes– no deja de ser una compensación frustrante por inútil, ante la pérdida del arquetipo más valioso para la vida humana que es el de la propia individualidad.

Existen, no obstante, otras formas de reacción ante la situación vital que estamos examinando, es decir el complejo de separación. Dado que el mismo se deriva de la necesidad de fortalecer el propio ego y la estructura de la conciencia, no sólo se verifica una represión bastante acentuada de la dimensión relacional del individuo –es decir, su eros– sino que además, en la búsqueda de la conformidad social, se va adoptando como propia toda concepción colectiva y de amplia aceptación social. De esta manera la experiencia más personal y subjetiva se relega a un segundo plano, en favor de la experiencia y la aprobación social. El resultado es de nuevo la pérdida de la identidad más genuina del individuo que, al igual que antes, puede verse, al final del proceso, notablemente alejado de sí mismo. La frustración que ello produce resulta además doblemente dolorosa dado que la persona cree haber actuado en todo momento según la exigencia más objetiva que las circunstancias le han planteado, sacrificando, en aras de una acción apropiada, toda veleidad subjetiva. Ni que decir tiene que en estas etapas de la existencia el individuo está todavía lejos de percibir la compleja y contradictoria naturaleza de la existencia humana.

Según lo que acabamos de ver, no ha de extrañarnos que otra de las formas de reacción ante el complejo que nos ocupa, sea la de lanzarse a una subjetividad extrema, y a un rechazo sistemático de toda exigencia social, llegando el individuo, en los casos más extremos, a rozar la ilegalidad en muchas de sus acciones.

En muchos grupos anti-sistema se puede ver un fondo de esta forma de actuar; basada por tanto, más en la característica personal y psicológica, que en verdaderas ansias de renovación social.

Baste con todo lo anterior para que tengamos una idea de esa situación vital que hemos llamado el complejo de separación y de sus implicaciones en la vida humana. En próximas entregas nos vamos a centrar en las manifestaciones del mismo en diversas obras de arte, y especialmente en la de Bacon. El análisis completo de su tríptico más famoso es el tema de mi ensayo:

“Tres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente”

EL “COMPLEJO DE SEPARACIÓN” EN LA OBRA DE BACON

    Hay varios temas de orden psicológico –o si se quiere, de orden espiritual– que están implícitos en la obra de este y de muchos otros grandes artistas. Trataré de irlos comentando en este canal que es el blog.

    Me ha parecido interesante comenzar por una situación arquetípica universal que algunos psicólogos llaman el “complejo de separación”. Como digo es una situación común a todos los seres humanos, porque deriva del proceso de fortalecimiento de la conciencia que, de manera evidente, es ineludible en los años de formación del individuo. Sin embargo este complejo –o simplemente esta situación vital inevitable– tiene una peculiaridad muy importante, ya que se experimenta con intensidades muy diversas según las circunstancias en que los individuos han de desenvolverse; de manera que cuando el complejo alcanza cotas elevadas de intensidad la persona casi nunca reconoce en los demás la misma situación por la que él está atravesando. Esto naturalmente produce un sentimiento de soledad y aislamiento que puede contribuir a la aparición de una angustia muy marcada en el individuo.

    Pero veamos en qué consiste más concretamente el complejo de separación. Ya hemos dicho que es una consecuencia del proceso de fortalecimiento de la conciencia. En efecto; al centrar el individuo sus esfuerzos en conseguir un yo más fuerte, inevitablemente tenderá a favorecer la aparición de la energía de poder en el aspecto consciente de su personalidad. Pero esta elección de uno de los dos motores básicos de nuestra psicología, implica ineludiblemente la relegación a un segundo plano del otro motor fundamental, es decir, del eros. Poco a poco toda la energía de esta faceta anímica irá cayendo en lo inconsciente y por tanto quedando en un estado primitivo e infantil, con un escaso nivel de diferenciación. La persona actuará con torpeza en toda situación vital que se refiera, de uno u otro modo, a la dimensión del eros. En otras palabras es como si la mitad de nuestra personalidad hubiera quedado al margen del desarrollo vital.

    Si además tenemos en cuenta que el eros engloba toda la dimensión relacional de la persona, quedará entonces claro el principal efecto de este complejo: el individuo se encuentra aislado de los demás, e incluso separado de la propia vida y hasta de sí mismo. De ahí el nombre del complejo.

Es importante insistir en que aquí entendemos el eros a la manera junguiana, es decir de una forma mucho más amplia que la mera sexualidad, y englobando en el mismo, todo lo que se refiere a la capacidad del individuo para relacionarse con los demás, con su propio entorno o incluso con su misma interioridad.

En próximas entradas continuaré con este tema que es amplio y muy importante para introducirnos en los entresijos de la espiritualidad humana y en consecuencia de muchas obras de arte. En el capítulo IV de mi ensayo hablo ampliamente de esta sitaución anímica en la vida de Bacon.

“Tres estudios para la base de una crucifixión … inexistente”

Publicación de “Tres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente”

Como anuncié anteriormente ya está disponible en formato ebook mi libro sobre la obra inaugural de la carrera de Bacon. Se trata de mi cuarto libro sobre psicología del arte, sin embargo esta vez he elegido un formato algo distinto que en las ocasiones anteriores. No solamente he decidido hacer esta primera publicación en ebook, sino que además he mezclado el género del ensayo con el de relato de ficción. De esta manera he conseguido que un análisis simbólico exhaustivo de una obra plástica contemporánea, tenga la amenidad de una narración, en la que no faltan unas gotas de intriga y misterio. Toda la acción se desarrolla en la exposición retrospectiva de la obra del gran pintor inglés que el Museo del Prado realizó en 2009. Allí un extraño sujeto aborda al protagonista del relato, y entre ambos se establece un diálogo que va desmenuzando las claves más profundas de la psicología de Bacon y los entresijos de su compleja obra pictórica, y de otros muchos aspectos del arte en general.

De manera provisional y con fines de promoción se puede adquirir el ebook por un precio casi simbólico (menos de 3 €) en la tienda online de Amazon. Puedes leer parte del primer capítulo de forma completamente gratuita, pinchando en la portada, en la tienda de Amazon. Además se puede leer en cualquier dispositivo (tablet, móvil, ordenador de soremesa, etc.) bajándote la aplicación igualmente gratuita que te proporciona Amazon.

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¡Hola a todos!

Bienvenidos a mi blog.

En este sitio hablaremos de mi libro “Tres estudios de figuras para la base de una crucifixión … inexistente“. Espero vuestros comentarios sobre el mismo y también sobre la pintura de Bacon en general.